El boli rojo no se ve en la oscuridad, pero es también la única manera en que un boli rojo puede de repente ser violeta, azul o anaranjado. Entonces es en la ausencia de luz donde todo es posible, donde el país se puede reinventar, donde podemos ganar siempre, donde golpeamos y hacemos sangrar a ese que nos cae tan mal. Hay también una fina línea entre el poder y la violencia. Digamos que esta es la única contraindicación que tiene la oscuridad. Por eso el tiki encendido --y solitario--, flotando como una nube sobre la noche, nos ha venido a rescatar (más bien a esclarecer) y a imponer orden a la dictadura de la negrura, a la libertad desenfrenada de lo transformable.
sábado 7 de noviembre de 2009
La antorcha tiki me hizo alucinar
Subido por: Luis Ponce Ruiz a la(s) 5:28 PM 0 Cafrería(s)
domingo 1 de noviembre de 2009
Teoría de los parques V: Dación en pago de la ciudad infinita
Yo nunca supe lo que era un precio cierto, ni dinero, besos, manos o signo que lo represente. Bocas, labios, dientes que nos obligaron a halarnos del pelo, porque masticarse las orejas tiene su límite (como no lo tenía mi promesa de entregarte esa cosa determinada, esa cosa que nació en mi habitación en Rivadavia y se desbordó por sobre los mares hasta llegarte).
Subido por: Luis Ponce Ruiz a la(s) 5:46 PM 0 Cafrería(s)
Enlázate
Etiquetas:
amor,
literatura,
Teoría de los parques,
vida
miércoles 28 de octubre de 2009
Cielo iluminado
A Gad Zeevi porque en este país amamos a los corruptos, digo inversionistas ausentes.
Subido por: Luis Ponce Ruiz a la(s) 10:35 AM 1 Cafrería(s)
Enlázate
Etiquetas:
ambiente,
Bayamón,
CAPECO,
Cataño,
Estados Unidos,
Gulf,
Jorge Santini,
Luis Fortuño,
política boricua
lunes 19 de octubre de 2009
Desde la Escuela de Derecho: Lo más nuevo en la blogósfera
Reconocidos y respetados, el blog de los profesores de la Escuela de Derecho, Derecho al derecho, el de la Prof. Érika Fontánez Torres, Poder, espacio y ambiente, y el del Prof. Hiram Meléndez Juarbe, ...elplan..., han estado en la web desde hace ya algún tiempo. Los tres han sido punto de referencia y encuentro para los aliados de las causas justas, de la crítica y la academia. Han llenado, sin lugar a dudas, un espacio necesario entre los blogs boricuas.
Subido por: Luis Ponce Ruiz a la(s) 2:26 PM 1 Cafrería(s)
Enlázate
Etiquetas:
blogs,
derecho,
libertad,
Puerto Rico,
sociedad
jueves 15 de octubre de 2009
Este blog apoya al Paro del 15 de octubre y a las luchas que se aproximan
Sin haber regresado me encontré con la universidad cerrada. Más clases perdidas, más atropellos de los que administran la cosa pública, el país. Hoy es viernes, ya terminó el sit-in de los compañeros de Derecho organizado valerosamente por el CAED(Comité de Acción de Estudiantes de Derecho), la Asamblea frente a Torre Norte; por descargue descolegiaron al Colegio de Abogados, el Supremo validó las escoltas y el Paro Nacional de ayer pasó a la historia. Ahora, porque el paso del tiempo nos brinda nuevas perspectivas, pasemos a hacer sentido y canalizar lo ocurrido en esta tórrida semana de octubre.



Subido por: Luis Ponce Ruiz a la(s) 6:25 PM 0 Cafrería(s)
Enlázate
Etiquetas:
Jorge Santini,
Kenneth McClintock,
Luis Fortuño,
Marcos Rodríguez Ema,
Paro 2009,
Puerto Rico,
Thomas Rivera Schatz
miércoles 30 de septiembre de 2009
Tantas veces Breñas
La flaca de la gorrita cammo y bikini engullido entre las nalgas está en la orilla dándole chupitos de cigarillo a su novio que está metido hasta las rodillas en la playa. Bastante nalgona para ser flaquita, pensó Pedro. Hay veces que las flacas vienen así, Pedrito, Jefté le adivinó la mirada. ¿Fumar en el agua? ¿Será tan bueno? ¿Qué crees?, lo evadió Pedro. Con lo que sales, Pedrito, con lo que sales.
La misma flaca con un tatuaje de carácteres chinos encima de la nalga izquierda. Todas tienen una variación de esos signos, es lo último. Uy, Pedrito, qué bien se ven…ahí encimita del bikini, ¿en la caderita? ¿Abrimos las sillas o qué?, le cortó Pedro. Le siguieron Morrison y Chino. La neverita es mía y hacia ella corrió Jefté.
Pedro se dispuso a desdoblar su silla de playa y cuando lo hizo diez cucarachas enormes salieron nerviosas, con las antenas alertas, del interior. ¡Está cabrón, esto es un asco!, gritó Pedro. ¿Desde hace cuánto no vas a la playa, Pedrito? ¡A matarlas!, Morrison las perseguía y trataba de pisarlas con el talón desnudo. Pedro ni se acercaba, mira, deja eso… ¡Písalas todas, que no quede ni una!, ordenaba con chancleta en mano, desde lejos, haciendo el amague de lanzarla para acabar con uno de esos insectos. El Chino les tiraba arena tratando de sepultarlas.
Jefté, por el contrario, reaccionó a lo de las cucarachas abriendo una cerveza y sentándose sobre la neverita. El sol de la una de la tarde, una cerveza bien helada y el tatuaje chino alejándose de poco a poco: no tenía que inmutarse por unas simples cucarachas. Cualquiera que lo viera diría que sólo perseguía con la vista a esas cimbreantes nalgas que devoraban el bikini. Pero no. Jefté se preguntaba si todo lo que hoy celebraban –delatar, informar, en fin, hacer lo que hicieron– daría el resultado esperado. Fue entonces cuando se tiró a la arena tratando de esquivar la silla de Pedro que, junto a algunas cucarachas, volaba por los aires.
«¡Uh, oh!»
Pedro volvió a matar una araña bajo la incandescencia de su lámpara de escritorio. Hacía dos años, cuando tenía dieciséis, que no atrapaba a una de esas arañitas inofensivas que se cuelan por las ventanas, la había encerrado en una copita plástica volteada y la había puesto bajo la luz. Muchas veces había verificado que estas lamparitas compradas en un pulguero de Massachusetts tenían una luminosidad intensa y voraz. Derretían hasta el plástico, le escribía a su maestra de inglés en el ICQ cuando ya no encontraba qué más decirle. Pedro recordaba esas noches de hace ocho años el día en que decidió buscar el récord de las conversaciones que tuvo con ella. López Nieves va a estar muy contento, se dijo cuando encontró las casi doscientas páginas de transcripciones que había impreso meses atrás.
Pedro lee las transcripciones de ICQ:
»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:23PM): hoy no pasaste por el salón… te extrañé, t pasa algo?
Mălądīnø(10/1/99-11:14:27PM): estaba cansado……y frustrado
»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:28PM): me hiciste falta
»CĤεłŸ«(10/1/99-11:14:28PM): de q??
Mălądīnø(10/1/99-11:14:31PM): es que bueno, tú en la escuela y uno ahí viéndote sin poder hacer nada…
»CĤεłŸ«(10/1/99, 11:14:31PM): hacer q???
Mălądīnø(10/1/99-11:14:35PM):pues estar junto a ti, bes……
……….
Mălądīnø(2/13/00-12:20:46AM): la pasaste bien?
»CĤεłŸ«(2/13/00-12:20:49AM): Sí. Gracias por todo. Hacia tiempo que no me pasaba algo asi…
Mălądīnø(2/13/00-12:20:53AM): Así cómo?
Mălądīnø(2/13/00-12:20:54AM): Tú sabes lo que siento por ti…
»CĤεłŸ«(2/13/00-12:20:59AM): Y por eso te doy las gracias… eres alguien especial.
Mălądīnø(2/13/00-12:21:03AM): sabes?, me haces feliz
……….
Mălądīnø(2/25/00-10:43:07PM): te quiero desnuda, cerca de mí, sentirte respirar y tenerte por detrás, mantenerme dentro y hacerte estallar conmigo, al mismo tiempo, al mismo instante
»CĤεłŸ«(2/25/00-10:43:13PM): Wow! Son palabras mayores…
»CĤεłŸ«(2/25/00-10:43:14PM): hay más de dónde vino eso?
Mălądīnø(2/25/00-10:43:22PM): Hay más, mucho más… cuándo será?… tú sólo dime y ahí llego… no puedo esperar… quiero conocer como es con una mujer mayor…
»CĤεłŸ«(2/25/00-10:45:14PM): …mi familia tiene una casa en Breñas…
……….
Mălądīnø (12/04/00-11:10:38PM):estás ahí? Pq no respondes?? jelouuuu!
Mălądīnø (12/04/00-11:13:48PM):hoy no te vi en el colegio, estás bien?, quiero saber… te llamé pero estaba ocupado, por eso intento por aquí…
Mălądīnø (12/04/00-11:13:59PM): fue algo que hice, dije?
»CĤεłŸ«(12/04/00-11:23:15PM): no, Pedro… es que estoy cansada del colegio… me quiero ir de allí
Mălądīnø (12/04/00-11:23:19PM): déjame ayudarte
……….
«¡A Bebo’s, aunque la bulla no nos deje hablar!»
¿Llamo o no llamo? ¿Qué le digo? Sí, hola, busqué su número en la universidad y pensé llamarle… No, así no. Buenas, doctor López Nieves, le habla Pedro Carmona Nazario, un seguidor suyo, y quiero invitarlo a Bebo’s para hablar de una novela...de mi novela.
Sé que en Bebo’s el ruido se refleja en los precios. Que hay una pantalla inmensa proyectando el bloque telenovelero de seis a diez, pero cualquier asopao es bueno. Y, ¡ah!, acabarlo todo con un morirsoñando o un frappé de papaya… Ya usted sabe por qué los gringos llegan hasta la calle Loíza, rico, barato y pintoresco. Tengo que llamarlo.
O mejor, qué tal abordarlo así: He leído todos sus libros y quiero, como usted, trocar la historia, bueno, mi historia. ¿Podríamos hablar sobre esto? Yo invito, por supuesto. Hay venganza, sexo entre estudiantes y maestras como está de moda en estos días y mire que todo esto pasó en 1999, 2000 y 2001. Con una protagonista bien educada, pero bueno, usted sabe, una mujer fatale, y, ah, sí, con un culo esférico y vello púbico bien arregladito en un landing strip. Pero qué dices, ¡¡qué dices!! Así te engancha y ya se te esfumó la oportunidad con el doctor. Pues sí, ella una maestra, veintiséis años, imagínela con esos pantalones de oficina bien apretados, con una blusita también pegadita, caminando por los pasillos de un colegio de varones. Sí, así mismo iba a la escuela. Ya ni se lo imagina. Lo siente. Véala besándose con sus estudiantes, y ahora no con algunos estudiantes sino con media escuela y no sólo besándose...exacto. Y nosotros, los más cercanos a ella ni por enterados. Creyendo todo lo que nos decía, rebelándonos contra las injusticias que la administración supuestamente siempre le hacía. Éramos algo preciado para ella; éramos su fan club incondicional.
Hay que ir preparado para enfrentar al doctor López Nieves. Bien documentado. Me tiene que contestar: ¿es posible hacer ficción de algo tan real y personal como esta historia? ¿Cambio nombres, los dejo igual? La suerte siempre ha estado de su lado porque usted escribe de gente muerta o inventada… De hecho, El corazón de Voltaire, me lo devoré tan pronto salió el mes pasado, estupendo. Pero yo, en cambio, voy a escribir sobre gente viva. Sepa que todavía recibo noticias de la maestra. Cada vez que alguien la ve la información siempre llega hasta mí. ¿Ve cómo la gente no ha olvidado lo que pasó hace ocho años?
Quiero tergiversar mi historia para salir de ella, matar a esta locura que me consume… Cuando me escuche el doctor me dirá que es demasiado obvio, que tengo que involucrarme en otras cosas, dejar esto a un lado. Pero ahí mismo le respondo que, por eso, usted es el único que me puede ayudar. Lo sé, me rechazará.
Todo lo que pretendo hacer, ¿es válido en la literatura? ¿No caeré en las mismas cosas de siempre? ¿O me mandará a Ciudad Seva? No, ahora sí que no lo vas a llamar, y olvídate de invitarlo a un morirsoñando o a una Coca-Cola, él sólo toma Pepsi sin cafeína.
«¿La venganza es felicidad?»
Breñas, Breñas, Breñas, repetía Pedro, tirado en la arena. Pedrito, ya para. ¿Lo hicimos o no lo hicimos? Hablamos con el director... ¿Acaso no era lo que querías hacer con la misi? Fue venganza, te lo dije siempre, Morrison volvía a hacer su punto. El Chino sólo abría la boca para tomar más cerveza.
Gordo, nunca más la volverán a contratar... Esto se ha regado por todos lados, ya hiciste lo que querías, ¿verdad Pedrito? ¿No te sientes feliz de haberla jodido? Nosotros somos los que estamos jodidos, Jefté, nosotros, Morrison no se cansaba de repetir. Gordo, si fuiste tú el que conseguiste las conversaciones de ICQ, tú fuiste el que entraste a su computadora.
No fue venganza; no, lo hicimos por nosotros. ¡No! ¡Fue por ti! ¡Cállate, Morrison! Lo hicimos para que no vuelva a ocurrir. Pedro pensó en levantarse pero prefirió quedarse acostado en la arena. Su silla estaba nuevamente cerrada: él no se quería sentar en lo que hasta hace poco había sido un nido de cucarachas.
Entonces, Pedrito, ¿por qué esa cara? ¿Por qué sigues ahí tomando y tomando (mira, ya casi nos has acabado las cervezas) y pensando en Breñas cuando Edison le metió mano? Eso es lo que le molesta, Jefté, por eso nos hizo hacer esto... ya sabía yo, Pedro, tenías envidia, estabas herido. No sabes de lo que hablas, además no fui yo quien jaqueó su máquina: fuiste tú, Gordo. ¡Ja!, ahora me dices gordo como el maricón de Jefté. Lo que pasa es que Jefté conoce a Breñas muy bien. ¿Y tú qué haces hablando, Chinito? ¿Qué dices? Miente, Pedrito, si no ves que él también se ha tomado par de cervezas.
El Chino se levantó de donde estaba tendido y se quitó la camisa. Las cinco de la tarde es buena hora para meterse al agua, ¿no me quieren acompañar? Pedro comenzó a sospechar no sólo de Jefté, sino del Chino también. ¿Acaso no descubrió así lo que ella hizo con su amigo de toda la vida, Edison, en Breñas? Sospechando, claro; por confidencias. Pedro se levantó finalmente: yo también me voy a meter. Vamos, Chino, hay que enterrar esto. Claro, Pe, ya hablamos, ya mandamos los e-mails, nos desquitamos. Pedrito, cuidado con lo que te vaya a decir este Chino. Ya, Gordo, ¿vamos también?
Y mientras los cuatro se acercaban al agua Pedro sólo pensaba en Breñas, Breñas, Breñas.
Subido por: Luis Ponce Ruiz a la(s) 9:32 PM 3 Cafrería(s)
Enlázate
Etiquetas:
cuento,
literatura
domingo 27 de septiembre de 2009
Bonito atardecer
“Mi REINO es de papel
y todo lo que toco
se convierte en palabra.”
-El Rey de Gramercy Street
“Y encima el sol dejando
crecer inmensamente sus cabellos
sobre nuestras cabezas de alfiler.”
-De Vuelta de paseo
-Lorenzo Helguero, Poeta en Washington, D.C.
Este papel no estaba destinado a aguantar esta historia. Salió de algún árbol de los bosques canadienses y fue comprado por el gobierno federal estadounidense ya en su forma de hoja crujiente y blanca. La Oficina General de Administración apropió parte de ese cargamento y al ser pedida por los jueces de este distrito territorial, la partida de papel fue finalmente repartida a las oficinas de la corte en el Viejo San Juan. Junto a sus hermanos lo sacaron de su empaque una calurosa mañana de junio arreciada por los polvos del Sáhara y cuando entró a las frías cámaras de las impresoras nunca se imaginó que en este país se recicla o que por lo menos existe la conciencia de hacerlo aunque luego falle la ejecución.
Fue en la consecución de este afán que Raúl Helguero cobró conciencia de esta hoja cuando la tomó del cesto de reciclaje para reusarla en alguna de sus tareas. Hacía unos días el papel había servido de portada a uno de los incontables documentos legales que se imprimen en las cortes. Estaba escasamente marcado y a su reverso aún se vislumbraba la blancura virginal de un producto de calidad. Al contacto con los dedos de Raúl ninguno de los dos supo que meses después retratarían con palabras un atardecer de finales de septiembre.
Ese atardecer tampoco sabía que eventualmente cabría en estas páginas. Todo fue un impulso, un estruendo que dividió el tiempo en dos rebanadas de viento. Poca cosa para servir como excusa de un escrito que nadie se había propuesto a escribir. El papel, Raúl y el atardecer encadenados en una secuencia impredecible, en un elaborado nudo de partículas residuales de lo que fue, es y pudo haber sido.
1
Fue enunciarle en aquel momento que la luz de las seis de la tarde de los domingos es más placentera que en ningún otro día de la semana. Como Raúl había estado todo el día leyendo y ella pintando, no habían preparado nada para comer. Pan y queso mozzarella. Mejor una ensalada. La mirada de ella comenzó a rondar por los espacios superiores de la cocina y al final se encogió de hombros: la lechuga se terminó de podrir ayer. ¿No hay entonces? No y rió secamente. Raúl no entendía cómo ella mantenía limpios sus pequeños dedos de los colores de las pinturas, mientras la tinta de los bolígrafos que usaba para resaltar los pasajes imprescindibles de sus lecturas le había transgredido las palmas de las manos y hasta la tela de su camisa. Pediremos chino y se encaminaron hacia la terraza. Fue allí donde hizo el comentario de las seis de la tarde. De la luz que sellaba estos domingos de entregas a domicilio y de esa irresistible soledad que engullía las calles de Miramar. A todo esto ella ya dormía en la hamaca.
2
Es hoy cuando este papel recibe el bonito atardecer a base de estos trazos. Los libros de leyes mutan por páginas amarillentas de viejas novelas redescubiertas y éstas en el fresco de colores que se recrea apesadumbradamente en el cielo. A los rayos del sol, claramente, no les hace falta papeles para escribir. Y para ver, ¿qué mejor que abrir la boca y tocar las cosas con el paladar?: así entran las esencias del fin del día, de esos nudos invisibles de gases que encienden el firmamento en llamas.
Raúl separa suavemente los labios, asoma la puntita de la lengua al aire y sin abrir los ojos sabe que esas horas tan espléndidas de las que hablaba y todavía habla se suceden demasiado rápido para poder viajar en el tiempo.
3
Pudo haber sido que el árbol que creció en el frío de Canadá nunca hubiese nacido ni que Raúl Helguero se hubiese decidido por las humanidades y en su lugar se hubiese estrellado contra la frialdad de los números. De este modo no habría podido darse cuenta de que el ocaso de los domingos tiene un sabor agridulce a flores y a un baño caliente de agua de azahar.
El atardecer también se hubiese dado en otro planeta, muy lejos de este, con un sol cuyos rayos hicieran crecer voluntades y no solo palabras.
Subido por: Luis Ponce Ruiz a la(s) 11:18 PM 0 Cafrería(s)
Enlázate
Etiquetas:
cuento,
literatura,
poesía,
Santurce







